Infancias Nómadas
Durante generaciones, el circo ha inundado nuestras mentes con formas mágicas: personajes místicos, animales fantásticos, paisajes llanos, rostros atípicos: imágenes que celebran la diferencia y la colocan en el centro de la conversación, como estandarte de valor y tradición.
Los contrastes de la carpa provocan, irremediablemente, una exaltación de las múltiples experiencias de lo humano. La vanagloria de lo particular. La belleza de los cuerpos “raros”. La fuerza de sabernos muchxs y la salud de entendernos distintxs. El poder que yace en desechar nuestra idea de lo exótico. En el circo todo es posible. El forastero juega de local.
Acá no pesan, como en muchos otros de nuestros mundos, las fronteras entre territorios. El “aquí” y el “allá” se desdibujan, y solo está el cielo estrellado que se instala, terreno tras terreno, sobre nosotrxs en el interior de la carpa.
No están (y tampoco se extrañan) las categorías que pretenden enemistar a “realidad” y “fantasía”. “La verdad” se rinde ante la percepción, siempre distorsionada entre los juegos del contraluz y las melodías cíclicas del perifoneo.
Aquí se difuminan también las edades y sus convenciones heredadas. Lxs adultxs se entregan a la sorpresa. Sueltan el deseo de control y de la productividad como regla vital; reavivan sus propias infancias.
Celebro, más que nunca, el patrimonio que es el circo. Porque no hay más comunidad que la que unx se construye; no hay hogar otro que el que se edifica desde el amor y la crianza colectiva y protectora de quienes acompañan, sin mediar apellido ni arraigo.
Bajo ese firmamento de lona confirmo que la familia tiene muchas caras y que ésta, la del Circo Garabatos, se parece mucho más a la mía -a las nuestras- de lo que hasta hace poco me permitía imaginar.
“El circo es un espacio que siempre mantiene nuestra inocencia. Debe ser apolítico e imparcial, nunca un lugar para desahogar opiniones en beneficio de unos y detrimento de otros. Para presenciar una función de circo no se necesita ni experiencia, ni poseer conocimientos de ninguna especie. Se trata solo de ver, oír y sentir de la manera más llana y cristalina como nos lo presenta la naturaleza, y la magia que produce nos devuelve nuestra humanidad, nos hace sentirnos niños otra vez, puros, ingenuos, porque solamente siendo niños podemos entrar en ese reino celestial.”
- Julio Revolledo, 2004